José Manuel García Gil

Publicado el 01/12/2009 en 11, periódico por Paréntesis

EL OTRO LADO

Hay una luz remota, sin embargo.
José Ángel Valente

Es uno de esos días en que todo sale bien.
Has recortado los periódicos atrasados
y escrito un poema con el que estás
francamente satisfecho.
Una cena majestuosa, una película de cine
mudo y todo el segundo movimiento
de un concierto de Ravel han completado,
de un modo benéfico,
tu ocio nocturno y solitario.
Entonces sales al pasillo para tirar la basura
y detrás tuya, una corriente traicionera
te cierra la puerta.
Quedas en el rellano,
sin llaves y a oscuras.
De lejos se filtra la vida del edificio
y revives tus pasos
como una dulce y vaga niebla.
Preocupado por el despiste,
y pensando en cómo hallar
a estas horas un cerrajero,
te dices:
Así también debe ser la muerte.
En la oscuridad del recibidor.
Una puerta cerrada con la llave dentro.
Un fondo con luz al final de la escalera.
Y tú muy quieto.
Con la basura prendida de la mano.