Felicitación (III)

Düsseldorf, 19 de febrero de 2013

Querido Rafael:

Durante lo que me quede de vida, te estaré agradecido por haber trasladado a Vélez-Málaga el cuerpo de mi madre y ocuparte de su entierro. Nadie, ni ella misma, intuimos su muerte súbita, pero arrastraré siempre la culpa por no haber estado presente en nuestra despedida. He sufrido, como no puedes adivinar, durante estos días y sus madrugadas; sobre todo en la mañana del 15, que imaginé su cara de cera y lejanía, el nicho en la cuarta altura, el ramo de insustituibles hortensias que tanto le gustaban y la lápida tal como quiso: de mármol blanco y sólo con su nombre, sin cruz ni apellidos.
El señor Egbert Fothen, mi jefe, me informó que en casos extremos podía ausentarme dos días del trabajo, pero también me recordó que el 16 y 17 –sábado y domingo siguientes− se celebraban dos bodas multitudinarias en el hotel, advirtiéndome que mi puesto sería ocupado por otro y que, si me marchaba a España, difícilmente podría recuperarlo.
Tú tienes una copia de las llaves de nuestra casa. En el último cajón de la máquina de coser de mi madre, encontrarás una caja de hojalata; la verás enseguida, en la tapa pone «Galletas La Aragonesa». Tiene un doble fondo que hice con una fina tabla de contrachapado forrada en tela azul celeste. En él, envueltas en papel de seda, hay cuatro monedas de oro con la efigie del rey Juan Carlos: cada una pesa veinte gramos y son conmemorativas del décimo aniversario de su reinado. Mi madre las compró por precaución, ya sabes, por si en el futuro me sobrevenía alguna necesidad insalvable. Te pido que las lleves a la calle Carretería y averigües, en algunos de los innumerables comercios que compran oro, cuál es el que ofrece mejor intercambio. Creo recordar uno, quizá el más solidario (todavía quedan personas bondadosas), que oferta abonar algo más por gramo si estás parado o has sido desahuciado.
Con el dinero que obtengas, quiero que pagues las facturas o recibos que te relaciono: 732,60 € al Banco de Santander, por unos gastos residuales de tramitación al estar obligados a quedarse con el piso que compré y no pude pagarles; 102,50 € para la farmacia Duarte, de una acumulación por “copagos” de las medicinas que mi madre necesitó en sus últimos meses; para el Ayuntamiento 118 € (más el 20% de recargo anual), que es el importe de dos recibos por recogida de basuras que no pudo satisfacer en su momento, cuando redujeron su pensión; y 201,75 €, por varios conceptos, a Ultramarinos Supremos, la tienda cercana a su portal, en Trinidad.
¿Palabras para agradecer tus atenciones? Tendré que inventarlas: no existen las que definan tu amistad y comprensión incalculables. Alguna vez, cuando me afiance en el Heinemann Konditorei y en Düsseldorf, tendré el orgullo de invitarte a venir para mostrarte esta maravillosa ciudad que por ahora, desgraciadamente, casi no conozco de día.

Un abrazo

7 pensamientos en “Felicitación (III)

  1. Profesor Almansa:

    Espero ansiosa el despertar de nuestro topógrafo, tan sólo tendría que releer alguna de sus cartas antes de enviarla, porque parece que su pluma quiere contarle algo. Estoy disfrutando.

    Besos.

  2. Qué alegría comprobar que sigues teniendo un doble fondo lleno de recursos… Un fuerte abrazo, Antonio.

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