Semántica

de Adriana Oris

Hablar y escribir es expresar mucho más que lo que se quiere decir. La multiplicidad de significados que se condensan en una palabra chivatea oscuros recorridos del deseo y devela la posición ética elegida. No es por azar que preferimos ciertas palabras y descartamos otras,
En medicina, un enfermo desahuciado es aquel que no tiene esperanzas de vida. Hay certeza de muerte inminente.

Convocatoria de la PAH

Las plataformas de afectados por la hipoteca (PAH) reunidas en Madrid en Asamblea estatal ha valorado y acordado las acciones necesarias para exigir que se cumpla la Directiva 93/13 de protección de los derechos de los consumidores, a raíz de la sentencia del Tribunal Judicial de la Unión Europea que ha dictaminado que los procedimientos de Ejecución Hipotecaria (los que inicia la entidad bancaria para subastar las viviendas de las familias y echarlas después de su casa) son ilegales.

Dado que esto afecta a todos los procesos en curso y a los ya finalizados, las Plataformas de toda España convocan a todos los afectados a solicitar inmediatamente la suspensión del proceso judicial de su ejecución hipotecaria en el juzgado que les corresponda. La solicitud escrita se puede descargar en la página web de la Plataforma. Esta entrega se hará de manera masiva durante la mañana del 26 de marzo en todas las ciudades donde haya convocado la PAH.

Felicitación (IV)

Düsseldorf, 16 de marzo de 2013

Querido Rafael:

Por fin he tenido una alegría; la necesitaba desde hacía tiempo. ¿Quieres que te cuente a qué se debe?
Hace dos semanas (los lunes por la tarde libramos en el trabajo), junto a mi compañero de piso, Argus Márkaris, caminamos bajo la lluvia hasta una calle angosta y poco iluminada, detrás de la estación del ferrocarril. Refugiados bajo el pequeño paraguas de Argus llegamos con los hombros empapados a un antiguo club de baile que él conocía, el Die Ecke der Leidenschaft. Sobre el umbral de la fachada, una pareja diseñada con tubos de neón celeste repetía invariablemente tres pasos de baile. En la semioscuridad del interior olía a una mezcla avinagrada de cerveza y maquillaje barato. A la izquierda, alrededor de unos veladores de mármol, estaban sentadas quince o veinte mujeres, quizá jubiladas o viudas; en el lado opuesto, acodados en la barra y simulando aplomo, ocho o diez jóvenes, sin duda inmigrantes, esperaban ser elegidos para bailar. En el centro, sobre la reducida pista redonda, dos parejas se movían torpemente al compás de Que c’est triste Venice, apretándose bajo los lunares blancos de luz que desprendía una bola espejada colgada del techo.
La señora Angelika Schulz, una bávara más alta que yo y el doble de ancha, sabía suficiente español. Mientras bailábamos me contó que había convivido once años con Eduardo, un comunista valenciano y exiliado, que prefirió permanecer junto a ella en Düseldorf hasta que una mañana, abstraído en la lectura del Mundo Obrero, un autobús lo aplastó en la Carlsplatz. En ese tiempo, y durante sus vacaciones en Alicante, Eduardo la convirtió en una devota de Lenin. Cuando yo le detallé que trabajaba en el Hotel Konditorei, que el banco me había desahuciado y que desde hacía un mes mi madre descansaba en la eternidad, a la señora Schulz le resbalaron dos espesos lagrimones como carámbanos caídos desde los aleros de sus pestañas postizas. No había terminado Gloria Lasso con su Bésame mucho cuando la señora Schulz se separó bruscamente unos centímetros de mí; levantó el puño derecho por encima de su cabeza rubia platino y exclamó solemnemente: «¡Viva la Revolución, viva España y viva mi novio!» Cuando salimos del Die Ecke der Leidenschaft hacía frío; le tiritaba la barbilla y yo le ofrecí mi chaqueta para que no se resfriara.
Desde que la señora Schulz determinó que fuese su novio, las cosas me han ido mejor: los domingos por la tarde voy a su casa y me quedo a dormir; llevo impecables los cuellos de las camisas y la raya de mi pantalón azul marino; como Eisbein (riquísimo codillo de cerdo asado) y Strudel, una tarta celestial de manzana que la señora Schulz me ofrece acompañándola con un guiño picarón: «Para que te pongas fuerte y bravo», me dice.
Aprendo, querido Rafael, cosas insospechadas; por ejemplo, respecto al sexo. A pesar de su corpulencia y sin previo aviso, la señora Schulz puede dar un salto olímpico sobre la cama, girar en el aire y posarse otra vez a cuatro patas: es su señal para invitarme a que me adentre… Pero estas son cosas que un caballero debe callar. Aunque no me resistiré a confesarte que sólo alcanza su frenético apogeo cuando fija la mirada en el enorme póster clavado en la pared, sobre el cabecero: en él (es obvio que después de un trucaje de imprenta) aparece Lenin estrechando amigablemente la mano a Eduardo. Después me ovillo y cobijo entre sus brazos como un pingüino bajo el cuerpo de su madre: me envuelve la serenidad de los anocheceres de Málaga y una espesa somnolencia de miel.
La señora Schulz me ha regalado la biblioteca de su difunto. Cuenta con unos doscientos tomos y otras tantas revistas que leo sin orden y con avidez: Marx, Marta Heinneker, ‘Playboy’, Althusser, Kafka, viñetas de Mafalda… Aprendo, querido Rafael, cosas que hasta ahora eran insospechadas para mí.

Un abrazo.

Rome y Juli

Sobre el atril y ante todos los presentes, él le declara a ella su amor. Ella deja escapar una lágrima de emoción mientras da sorbos de agua para contener su enternecimiento.

―Ella nunca me ha dicho que no.

Ha sido una representación muy emotiva. Él, con traje azul marino del norte. Ella, con vestido morado y la prudencia de dejar la mantilla negra en casa (¿llevaba entre sus manos el rosario que él le había regalado?).

El amor siempre conmueve.

fotografía de elPeriódico.com

fotografía de elPeriódico.com

Mientras, abajo y dándoles la espalda, la otra (mayor, menos tersa y despechada) cierra el elenco principal del drama: Esperanza masculla algo entre dientes.

Puesta en escena perfecta, vestuario inmejorable, público entregado. Los protagonistas, Mariano Rajoy y Mª Dolores de Cospedal, han estado soberbios.

Sin embargo, al término de la función los actores han salido por la puerta de atrás. No han saludado a un nutrido grupo de seguidores que esperaban impacientes en la entrada algún autógrafo en sus órdenes de desahucio.

Adivinanza

de Miguelángel Flores

 

Banco de imágenes del CNICE. Consultar tipo de licencia para su uso en mediateca.educa.madrid.org

Banco de imágenes del CNICE. Consultar tipo de licencia para su uso en mediateca.educa.madrid.org

Este banco está ocupado por un padre y un hijo. Llevan toda la mañana cabizbajos. Permanecen muchas mañanas así, sin hablarse apenas. El padre se llama Juan y tiene cincuenta y tres años. Llevaba trabajando desde los catorce. El nombre del hijo ya te lo he dicho, pero eso es lo de menos. Tiene veintiocho años, una hija de cuatro y una hipoteca de treinta.  Hay junto a ellos un periódico local abierto por la página de empleo. El resto puedes adivinarlo.

La cita

de Siro Robles

Pintura de Zdzisław Beksínski_www.beksinski

Pintura de Zdzisław Beksínski en www.beksinski.pl

Ya frente a la puerta, te giras y miras la casa por última vez. Sigues pensando en ella como “tu casa”, aunque ahora sabes que jamás fue tuya. Ahí está el cuadro que trajiste de Londres, el sillón heredado de tu abuelo, la estantería repleta de libros. Piensas que quizá deberías ordenarlos antes de partir. Siempre decías: “De hoy no pasa que ordene los libros”. Pero los libros tienen voluntad propia y pronto uno de ellos te doblegaba, te convencía de que era mejor sentarte en el viejo sofá y dejar pasar la tarde envuelto en el hechizo de sus páginas. Ahora vuelven a tentarte, pero estás decidido. Miras el reloj: es la hora. Dices “adiós” y al punto estás en la azotea. Sabes donde situarte, nada de lo que vas a hacer es improvisado. Te asomas hacia la calle en el lugar preciso y compruebas que él está donde esperabas. Te alzas sobre el pretil. Calculas el ángulo exacto. Entonces saltas y en tu caída oyes que alguien grita. Él levanta la mirada y el miedo le paraliza. Pero tienes suerte. Cuando la sombra de tu cuerpo oscurece ya su figura y puedes ver tu reflejo crecer en sus ojos desorbitados, él te reconoce y comprende por fin el verdadero significado de la nota que ayer le hiciste llegar a su despacho. El mismo despacho donde no hace tanto firmaste aquel contrato envenenado que te ha convertido, hasta hoy,  en un esclavo de tus ilusiones y su codicia.

Contenedores

de Eugenia Mateos 

Los contenedores de basura han adquirido un protagonismo inusitado. No hay más que encargarse de la modesta tarea diaria de tirar los desperdicios domésticos, para encontrarse con esa nueva clase social: la de los buscadores, provistos a veces de palo terminado en pincho para revolver mejor las bolsas de basura y enganchar lo que pudiera ser aprovechable. En ocasiones hay que dar un rodeo para esquivarlos (disculpe, ¿puede apartarse para que tire mi bolsa?, inimaginable); otras, pasamos junto a estos vecinos hurgadores avergonzados y extrañados de que no nos interpelen por permitir su indigencia extrema. El cinco de enero vi a un hombre que sacaba de un contenedor un juguete, seguramente roto.

Foto: ABCdesevilla.es (fragmento)

Foto: ABCdesevilla.es (fragmento)

Esto sí que es crisis. Es la mayor crisis, la miseria espiritual de la sociedad insolidaria.