Convocatoria de la PAH

Las plataformas de afectados por la hipoteca (PAH) reunidas en Madrid en Asamblea estatal ha valorado y acordado las acciones necesarias para exigir que se cumpla la Directiva 93/13 de protección de los derechos de los consumidores, a raíz de la sentencia del Tribunal Judicial de la Unión Europea que ha dictaminado que los procedimientos de Ejecución Hipotecaria (los que inicia la entidad bancaria para subastar las viviendas de las familias y echarlas después de su casa) son ilegales.

Dado que esto afecta a todos los procesos en curso y a los ya finalizados, las Plataformas de toda España convocan a todos los afectados a solicitar inmediatamente la suspensión del proceso judicial de su ejecución hipotecaria en el juzgado que les corresponda. La solicitud escrita se puede descargar en la página web de la Plataforma. Esta entrega se hará de manera masiva durante la mañana del 26 de marzo en todas las ciudades donde haya convocado la PAH.

Un comienzo

cicatriz

El viernes asistí a una charla interesante. El ponente habló de la libertad del individuo. De esa capacidad de decidir que nos convierte en humanos. Y de la obligación de ejercerla a pesar del miedo a equivocarse.

Llevo dos años en paro. La relación con mi familia se ha deteriorado mucho en este tiempo y he descubierto que la disciplina, que llevaba hasta el extremo en el terreno laboral, ya no me sirve para llenar los días.

Durante muchos meses, lo único que tenía en la cabeza era todo lo perdido: los recuerdos de un trabajo resultón al que dedicaba doce horas diarias, el apartamento en el centro convertido en foto de revista y la madre idolatrada, una invención que no conocía. Dejarse llevar alivia responsabilidades, pero resulta muy caro. Ahora sólo me queda el miedo. Y la capacidad de decidir.

La cita

de Siro Robles

Pintura de Zdzisław Beksínski_www.beksinski

Pintura de Zdzisław Beksínski en www.beksinski.pl

Ya frente a la puerta, te giras y miras la casa por última vez. Sigues pensando en ella como “tu casa”, aunque ahora sabes que jamás fue tuya. Ahí está el cuadro que trajiste de Londres, el sillón heredado de tu abuelo, la estantería repleta de libros. Piensas que quizá deberías ordenarlos antes de partir. Siempre decías: “De hoy no pasa que ordene los libros”. Pero los libros tienen voluntad propia y pronto uno de ellos te doblegaba, te convencía de que era mejor sentarte en el viejo sofá y dejar pasar la tarde envuelto en el hechizo de sus páginas. Ahora vuelven a tentarte, pero estás decidido. Miras el reloj: es la hora. Dices “adiós” y al punto estás en la azotea. Sabes donde situarte, nada de lo que vas a hacer es improvisado. Te asomas hacia la calle en el lugar preciso y compruebas que él está donde esperabas. Te alzas sobre el pretil. Calculas el ángulo exacto. Entonces saltas y en tu caída oyes que alguien grita. Él levanta la mirada y el miedo le paraliza. Pero tienes suerte. Cuando la sombra de tu cuerpo oscurece ya su figura y puedes ver tu reflejo crecer en sus ojos desorbitados, él te reconoce y comprende por fin el verdadero significado de la nota que ayer le hiciste llegar a su despacho. El mismo despacho donde no hace tanto firmaste aquel contrato envenenado que te ha convertido, hasta hoy,  en un esclavo de tus ilusiones y su codicia.

Un ejército de uno

Un millón cuatrocientas dos mil ochocientas cincuenta y cuatro personas firmaron la solicitud de iniciativa legislativa popular contra los desahucios, promovida por la PAH. Ni escribiéndola a letra consigo darle a la cifra la importancia que tiene: ejercer la democracia real y obligar a que se tramite una ley que acabe con el genocidio social de los desahucios. Es tanta la fuerza que tienen ese millón cuatrocientas dos mil ochocientas cincuenta y cuatro personas, que incluso han conseguido doblegar al partido del Gobierno y obligarle a levantar el veto sobre la iniciativa.

El RotoQuizá estemos ante la pesadilla del político: un país donde los ciudadanos participen en algo más que en el trámite electoral de cada cuatro años; pero no debemos ser ingenuos. A la iniciativa legislativa aún le queda un largo recorrido. Posiblemente sea absorbida por la burocracia, desnaturalizada por el debate partidista y finalmente aprobada en forma de parodia de sí misma. Sin embargo, lo ocurrido nos muestra la importancia de cada ciudadano, el poder que cada uno de nosotros tenemos para intervenir en los asuntos públicos y la responsabilidad en que incurrimos al delegarlo en los políticos y desentendernos.

Ejerzamos ese poder. Cada uno en su micro-universo, pero dando siempre la batalla. Como un ejército de uno.

No me lo creo

rajoyLo siento, Sr. Rajoy, ya no me vale su comparecencia ante las cámaras para hablarnos agazapado detrás de sus gafas y su máscara de falso líder. No me lo creo, no me creo su discurso asegurando una y otra vez que todo es falso. No estamos sordos, no hace falta repetir. Estamos hartos de tanta mentira, de tantos eufemismos, de tantos discursos preparados por expertos. Con sus medias verdades y sus mentiras completas han agotado la paciencia de los españoles.
Ya no estamos en la época de Franco, donde se podía convencer con buenas palabras a una población analfabeta sedienta de esperanza. Por suerte, nuestro sistema educativo (que ustedes pretenden destruir) nos ha vuelto críticos. Ahora, para convencerme de que no ha habido sobres y dobles sueldos quiero que denuncie, que lleve a los jueces a los periodistas que han sacado a la luz la famosa lista, ahora quiero que sea la justicia la que diga quién es el mentiroso. Ya no me valen sus discursos, Sr. Rajoy.

Cómo destruir un servicio público

Sabemos que el Cuarto Poder se está utilizando para controlar la opinión de la masa. En el caso de las radiotelevisiones públicas, lo primero que hacen los gobiernos es limpiar las cúpulas y colocar a sus hombres de paja.

En los últimos años a este control se le ha sumado otra práctica: la de desviar dinero público a manos privadas. Así los amiguetes de turno se embolsan lo nuestro, y las audiencias caen en picado mientras las arcas se vacían. Cuando la cosa no da para más, la alternativa es siempre la misma: privatizar.

En esta tesitura se encuentra ahora mismo Telemadrid. Sus trabajadores han realizado un corto de animación que explica el proceso para destruir un servicio público:

El pueblo guiando a la Libertad

Los periodos vacacionales son fechas idóneas para introducir cambios drásticos. La gente está más dispersa y menos beligerante. El revuelo se mitiga y, después de las fiestas, ya es tarde para actuar. Ellos lo saben bien. No nos confundamos: son sinvergüenzas, no estúpidos. Después de aprobar la privatización de la gestión sanitaria en Madrid, que se extienda es solo cuestión de tiempo.

Lo siguiente es la reforma del Sistema Educativo. Son ellos los que lo llaman reforma, yo lo llamo expolio.

Estas son las medidas más graves que se han adoptado en nuestro país en las tres últimas décadas. Ahora solo nos queda una pregunta: ¿Qué vamos a hacer?

Podríamos emular a Islandia o, si reprimiesen la acción ciudadana pacífica, quizá tengamos que volver la vista más atrás. La Francia del siglo XVIII sería un buen ejemplo.

Cadena Solidaria

Los alumnos del Instituto Público Ben al Jatib, de Rincón de la Victoria, reúnen 1730 Kg. de alimentos y montan una CADENA SOLIDARIA desde el centro educativo hasta la Cruz Roja.

La caridad se ejerce de arriba a abajo, la solidaridad entre iguales. No es lo mismo tener un espíritu caritativo que solidario.