Todo el peso del mundo

La niña llevaba mucho rato con la pelota, sus compañeros se la reclamaban, pero ella corría y evitaba los asaltos con la bola abrazada contra el pecho. Vino a buscar refugio en mí. Yo se la quité y la lancé para que algún amigo la cogiese. Ella se tiró al suelo y rompió a llorar con un desconsuelo digno del 11-S. La reacción de los amigos fue inmediata: le entregaron la pelota. Aprendemos desde muy pronto a dramatizar las situaciones [...]