Gestión sostenible del entusiasmo: Teatro de la Decepción
La queja permanente es más aburrida que una homilía del papa en quince idiomas. Es cierto que los problemas están ahí y son graves: recortes drásticos de presupuestos; personas y compañías fosilizadas que acaparan las subvenciones; instituciones y programadores que no apuestan por los valores emergentes y solo se ocupan de perpetuar estereotipos. Un escenario penoso el teatral, de acuerdo, pero: ¿debe permitir el verdadero artista que eso lo detenga? Lo cómodo es escudarte en la queja para no tener [...]