El hombre de hoy; réquiem por Orwell
Fermín echaba el día en aquel patio, siempre vestido de blanco. Yo pasaba por allí a las cinco y media, cuando volvía del trabajo. Él apoyaba la frente entre dos barrotes de la verja y me pedía que le diese un cigarrillo. Yo se lo ofrecía y él sacaba su mano izquierda para cogerlo. Tenía las uñas pintadas de color burdeos. Tardé en darme cuenta de que aquello era un manicomio, pensé que se trataba de un geriátrico, ese altillo [...]