Más duro que el hormigón
Aunque ahora me avergonzaría leerlos, mis primeros relatos me parecieron buenos cuando los escribí. Para mí eran tan bonitos y auténticos, plenos de intención y con tal equilibrio de la intriga, que estaba convencido de que tenía facilidad para la escritura. Los ponía a circular entre algunos familiares escogidos, unos pocos amigos y todas las amigas posibles, y todos coincidían en la opinión: “están bien”, e incluso los más allegados matizaban: “están muy bien”. Intuí el error del método y [...]