Juguetes perdidos
La conocí en un bar del centro, tarareaba canciones con voz dulce y desafinada mientras servía café. Llevaba el pelo recogido en la nuca y la sonrisa de quien comienza a dejar de ser una niña. Yo tenía 24 y ella 21. Después de dos meses de frecuentar el bar, comenzamos a salir. Ella estudiaba Historia del Arte y estaba convencida de que Patricio Rey y sus redonditos de ricota eran la vanguardia. Tal vez lo fueran. Patricio Rey no [...]