Editorial

Mucho se ha escrito sobre el ataque contra la privacidad que supone la instalación generalizada de cámaras de vigilancia, pero ese atroz enemigo de lo íntimo se está quedando pequeño ante el cotilla moderno y su teléfono móvil. La cantidad de fotos y vídeos que con fruición e impudicia se graban a diario de compañeros, amigos, familiares e incluso pareja en situaciones compromotidas están siendo fuente de incontables molestias e infamias. Basta añadir a esas imágenes la capacidad de difusión [...]